Si nos tomamos un segundo para despreciar aun más la vida que llevamos, nos daremos cuenta de que lo primero que somos capaces de recordar no es precisamente bonito y eso es lo que diferencia a un pesimista de un optimista, la base. Yo creí que borrando un poco de mi pasado podría cambiar parte de mis planes de futuro que de todas maneras serán inciertos siempre y me equivoqué, mil veces, pero me equivoqué.
El optimista lucha sin ser consciente y jamás se deja caer, el pesimista se rinde antes de empezar, no porque no haya tenido la oportunidad sino porque la negó rotundamente solo dejándose empujar.
No vivimos para hacer de el bien algo imprescindible, lo hacemos para darle una oportunidad a la vida de crear algo más que lo evidente, de ganar perdiendo, de asumir de manera inconsciente y de olvidar la esencia recordando.


Anónimo | 17 de octubre de 2010 a las 15:12
es como les digo a mis alumnos de teatro, (la vergüenza, en este caso el optimista)
realiza una critica, de un acontecimiento, que no ha ocurrido!!!