Tener la fama de orgulloso radiante solo nos puede dejar en el principio, ese lugar donde se suele comenzar y donde yo para llevar la contra suelo acabar. Un rincón lleno de misterios adictivos a mi impaciencia tan transparente y pura capaz de crear hasta luz propia, un rincón donde lo pierdes todo a cambio de frialdad y dureza, incluso contigo mismo, un lugar hecho de pensamientos positivos al borde del suicidio, un tesoro perdido, la razón en forma de incógnita y algo más que aun después de tanto tiempo pensándolo no sabría como escribir. Déjame asumir sin presiones mis errores, déjame ver lo que hago mal para mejorarlo, déjame decidir por mi misma cuanto quiero perder y cuanto quiero ganar.
Nunca podrás hacerme ver cosas que son invisibles, a no ser que seas mágico.

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